Ola de violencia

La Escena Veracruzana

Por Marco Antonio Medina Peréz

Es sintomático que después de los dos últimos procesos electorales se haya desatado una ola de violencia a lo largo del muy dilatado territorio veracruzano.

Como si fuera parte de un guión macabro, hemos visto en las últimas semanas un repunte en las acciones violentas, ejecuciones, secuestros y atentados contra la vida de familias enteras.

Pareciera como si los resultados electorales fueran un indicativo o un detonante para dar luz verde a cada una de las acciones delictivas que hemos visto en los últimos días.

¿Será que ante los malos resultados obtenidos por algunos se de un ajuste de cuentas? ¿O que se aproveche por parte de los grupos delincuenciales el desconcierto para ocupar nuevas plazas?
¿O que sea un mensaje para el gobierno en turno, sea municipal o estatal, para ablandar algunas resistencias a los acuerdos o para modificar algunos ya tomados?

Un narco-mensaje brutal y sanguinario se dio en el primer año del gobierno de Javier Duarte, dos días antes del XI Encuentro Nacional de Presidentes de Tribunales Superiores de Justicia y Procuradores Generales de Justicia, llevada a cabo el 22 de septiembre de 2011 en Boca del Río.

Se desparramaron 35 cuerpos bajo el puente de la glorieta de los Voladores de Papantla. ¿Fue un mensaje en agravio de los personajes reunidos? ¿O del gobernador que en su pimer año de gobierno ya acumulaba más de 500 ejecuciones y una gran cantidad de crímenes sin resolver?

Ahora, en los meses iniciales del gobierno de Yunes Linares también se presentó una ola de violencia en varias partes del estado. Como para repetir con idéntico escenario, en Boca del Río también fueron abandonados 11 cuerpos con cartulinas en donde se leía: “guerra quieren, guerra tendrán”.

En el primer trimestre de este gobierno ya sumaban 300 ejecuciones producto de la guerra entre bandas delincuenciales. Y en su campaña Yunes Linares prometió que en los primeros 2 meses habría acabado con el problema de la delincuencia. Queriendo imitar a su correligionario Fox, Yunes también se ha ido de bruces, enredado en sus propias palabras.

Apenas pasadas las elecciones para elegir ayuntamientos, las bandas criminales parece que fueron lanzados por motivaciones urgentes para salir a las calles a cometer tropelías.

Y una sonrisa burlona llegada desde Guatemala atiza más las sospechas de que los hilos del poder tienen mucho que ver con los de la delincuencia organizada.

La expresión de “gobierno fallido”, enviada por Javier Duarte al declararse dispuesto a una extradición pronta a México es no sólo una descripción de lo que ocurre en Veracruz y de lo bien informado que se encuentra dicho personaje funesto, sino una amenaza velada de lo mucho que tiene que contar ahora que se abran las actuaciones ministeriales en nuestro país.

Las autoridades nos deben muchísimas explicaciones sobre lo que ha ocurrido y sigue ocurriendo en Veracruz.

No hay ninguna explicación a fondo sobre los miles de cuerpos apilados en fosas clandestinas, los múltiples feminicidios, los atentados contra periodistas, el fuego cruzado donde han muerto civiles inocentes, en fin, el clima de violencia, las plazas repartidas entre los grupos delincuenciales, los cobros de piso…

Todo ello ha sido omitido en los informes de gobierno y en las conferencias públicas a las que son adictos los gobernadores y funcionarios de primer nivel. No tenemos ninguna conclusión importante ni contundente sobre lo que ocurrió en Boca del Río en 2011 ni en 2017, para poner un ejemplo.

O han sido realmente omisos, criminalmente omisos, u ocultan información inconfesable que los involucra directamente en el contenido de los informes que debieran dar.

Lo dicho, necesitamos un cambio verdadero.