Morena, a trabajar

Postigo

Por José García Sánchez

Para los contrincantes de Morena cuando no arrasa en las urnas se traduce como una gran derrota. Bueno para Morena que así se ve desde la trinchera contraria su comportamiento político; sin embargo, es hora de que Morena se ponga a trabajar.

En realidad, Morena no ha dejado de ser una agencia de colocaciones electorales, no ha tenido necesidad de trabajar como partido y desde el triunfo de Andrés Manuel López Obrador el partido se dedicó a apoyar al presidente, cuando en realidad el que necesitaba apoyo era el partido, el Presidente cuenta con más de 30 millones de apoyos en las urnas, pero la idea más cómoda de la cúpula partidista de entonces fue seguir una inercia políticamente estéril.

Ante la perspectiva de que si Morena no arrasa está en decadencia la visión de los partidos políticos resulta irreal. La costumbre de pensar que el partido, el poder, el gobierno son uno y lo mismo. La habito de ver el presente con ojos de pasado tardará mucho tiempo en erradicarse de algunos analistas y sus sesudos comentarios.

Morena es el enemigo a vencer hasta para algunos morenistas que voluntaria o involuntariamente atentaron contra su permanencia en la aplanadora electoral y sólo arrojó resultados medianamente creíbles. En estas elecciones las expectativas eran otras incluso para los enemigos del partido en el poder.

Esto nos habla de que ya no son tiempos de que haya partido en el poder, de ahora en adelante habrá partidos en el poder si se quiere conservar la hegemonía de un mandato democrático. El problema que tienen los partidos es la carencia de líderes.

En la izquierda no hay mucho problema porque hay pocos líderes pero hay consensos, como lo demostraron las elecciones internas de Morena, donde sobraron posibles presidentes y secretarios generales; el problema surge en la derecha donde no sólo no hay líderes sino que todos dicen serlo. La individualidad de la derecha les extravía de sus ideologías.

Si hacemos un ejercicio de quién podría ser el sucesor de Marko Cortés en el PAN, no hay líder que lo sustituya, tal vez por eso se ha tardado tanto en su presidencia una persona como él; sin embargo, todos los legisladores se creen con la capacidad no sólo de ser líderes nacionales del partido sino presidentes de la República, así se muestran con las consecuencias que conocemos, donde hasta los alcohólicos pueden llegar a la cúpula del partido y no se diga al máximo cargo político del país.

Así, el sistema de partidos cambia de manera importante y lo que no cambia es la estructura vertical del INE, árbitro de la democracia mexicana que no goza de credibilidad ante los partidos, ni sus líderes ni sus militantes, y menos aún de la población. Tenemos una autoridad electoral INE y Tribunal no sólo muy cuestionadas sino con muchos años de retraso.

Morena no arrasó y esto es bueno para la oposición, para la democracia incluso para Morena, menos para el INE, cuyos consejeros electorales desconocen el panorama con el que deben trabajar. Ellos se prepararon en aulas y postgrados para conocer una realidad política que ya no existe.