Morena castigada

Postigo

Por José García Sánchez

Para eso quería Alfonso Ramírez Cuéllar el partido que le regaló Bertha Luján, para deshacerlo. La derrota significa una noticia anunciada ante la pasividad de un partido que cree que su dinámica electoral radica en su cúpula. Desde luego que tampoco puede hablarse de un triunfo limpio del PRI, pero sí de una especie de flexibilidad de Morena a la hora de demandar legalmente las muchas anomalías que hubo en la jornada electoral.

Morena debe dejar a un lado el culto a la personalidad que le identificó desde hace varios años y asumir el papel de partido. Pero también debe tomarse en cuenta que sólo una derrota podría despertar a Morena del sueño del triunfo electoral. De ganar estas elecciones la confianza sobre su destino hubiera sido una gran frustración con consecuencias irreversibles.

Pelear por el poder de un partido de la manera en que lo hacen simplemente arroja avisos de un pasado que no puede repetirse en ningún partido político del país porque implica un regreso al pasado que debe erradicarse desde la 4T.

Morena puede recuperarse si trabaja, es decir, desde el presidente hasta el militante de base, de otra manera podría perder mucho. Aunque en realidad no puede descartarse una especie de acuerdo entre las cúpulas entre el PRI y Morena a la hora de presentar candidatos y sus esquemas de campaña. De ser así el gran perdedor del futuro y del presente es el PAN, que no hace falta mucha imaginación ni un gran análisis para ver que quedará ahora en un tercer lugar electoral el próximo año, ante esa ausencia total de liderazgo, sus caprichosas propuestas e insustanciales críticas.

Tampoco puede afirmarse que el PRI regresó, incluso afirmar que está vivo es una exageración. Que se pasó de vivo es otra cosa, pero en realidad este triunfo sólo servirá para fortalecer grupos de poder de Coahuila e Hidalgo, dejando a un lado a Acción Nacional y posicionando y depurando a los actores políticos que pueden ser competitivos.
Hidalgo y Coahuila son, todavía y por el voto duro, bastiones del PRI, de tal suerte que la derrota de Morena, ni es sorpresiva ni es tan grave como la quieren ver algunos.

Los resultados electorales del domingo 18 de octubre no arrojan ganador, pero sí un perdedor: el PAN. Las viejas mañas de fraude del tricolor fueron puestas en marcha y la perspectiva de la Fiscalía Especializada en Delitos Electorales, a través de su titular, José Agustín Ortiz Pinchetti, amigo personal del Presidente de la República, fue que no hubo muchos delitos electorales graves en la jornada electoral, a pesar de que desde temprana hora llovieron videos denunciando compra de votos, quema de urnas, secuestro de votos y de personas, etc.

En resumidas cuentas, el PRI no fue una oposición frontal ni peligrosa, en cambio el PAN llegó a extremos violentos y de cercanía al fascismo, donde la agresión llegó a desear muertes y condenar sumariamente a los protagonistas de la actual administración federal.

Que no se engañe el PRI creyendo que reaparecen en la escena política, que no se la crea Morena que está herida de muerte en las urnas, y que el PAN se olvide que siguen con la misma fuerza, que no era mucha, cuando fueron la segunda fuerza electoral del país, en 2018.