Crece fuga de capital

Ante el temor de que México pueda tener las mismas restricciones que Venezuela y otros países, los empresarios de todos tamaños salvan sus recursos

Por Ángel Álvaro Peña

El crecimiento de los depósitos de mexicanos en el extranjero es cosa de todos los días. Esto arroja un círculo vicioso que atenta contra la estabilidad monetaria de México, porque mientras mayores cantidades de dinero salen del país mayor es la posibilidad de una inflación.

En ocasiones los hombres del dinero se ponen de acuerdo para sacar los capitales y crear una inflación que arroja pérdidas cuantiosas al gobierno, no sólo a las arcas sino al prestigio del mandato. En México, empresarios de todos los tamaños han comenzado a sacar sus capitales al extranjero, principalmente a Estados Unidos donde creen que estará seguro su dinero.

Se multiplican las transferencias de fondos de inversionistas extranjeros. Esto tiene su origen desde 2017, que la cantidad ascendía a 5,575 millones de dólares, cifra que se ha incrementado día tras día hasta llegar a los 18,758 millones de esa moneda.

El temor generalizado de que México vaya por el mismo camino que Venezuela, donde la inflación supera el 1,000 por ciento, ha creado un clima de incertidumbre que, de no ser por la llegada de divisas, la moneda y la inflación en México tendrían mayores problemas, pero esto no implica que el conflicto económico se haya alejado, sino que más bien anuncia una crisis que podría hacer caer la economía del país.

La desconfianza que generan las restricciones del gobierno hacia la inversión, la desaparición del outsourcing, la presión fiscal, la amenaza de una reforma tributaria, el amago de la congelación de cuentas, la rigidez del gasto, crean el clima propicio para problemas financieros que parecieran no advertir las autoridades hacendarias y políticas de México.

La fuga de capitales ha dañado en el pasado a México seriamente y ha sucedido en tres ocasiones, durante la mitad de los sexenios de Luis Echeverría, cuando creyeron que su gobierno se encaminaba hacia el socialismo; a la mitad del sexenio de José López Portillo, cuando la fuga de capitales afectó al peso. Y la última es esta posibilidad de que en México los recursos que viajan al extranjero puedan afectar la solidez de nuestra economía.

La falta de definición en algunas disposiciones de gobierno que en otros sexenios del pasado estuvieron muy claras, la oposición abierta de los sindicatos empresariales ante el estilo de gobernar de Andrés Manuel López Obrador, el temor de convertir la economía mexicana en lo que ahora es la economía de países como Venezuela, crean un clima de desconfianza que invita a los inversionistas mexicanos de todas las dimensiones a enviar su dinero a otras latitudes. El miedo de los empresarios chicos y medianos es perder todo lo que tienen ante un golpe de timón del gobierno federal.

La salida de capital no ha dejado de crecer desde hace cinco años, según informes del Banco de México, que demuestran que en el último trimestre del año pasado los inversionistas transfirieron al exterior 9,019 millones de dólares, que es también la mayor salida observada en un solo trimestre desde 2006, cuando la llegada de Felipe Calderón Hinojosa sembró incertidumbre en la inversión.

El Banco de México señala que, en siete de los últimos ocho trimestres, los mexicanos han preferido llevar sus recursos al exterior para buscar condiciones más confiables.

Desde luego que existe una crisis mundial en la economía y, en términos reales, no hay país confiable donde invertir, pero hay inversionistas que prefieren adquirir fondos de deuda u otro tipo de inversiones en lugar de crear fuentes de trabajo que redunden en la reactivación de la economía local.

Por lo pronto, hay alerta sobre lo que puede suceder en la economía mexicana sin que, por el momento, se enciendan los focos rojos. Esto no quiere decir que un vendaval de malos manejos pueda dar la sorpresa y hacer caer la moneda, la economía y disparar la inflación.

La desconfianza que crea la política del actual sexenio a los empresarios es el temor fundado de que haya posibilidades de un giro hacia la izquierda que pudiera hundir la economía, de por sí dañada por la pandemia, en una situación peor.

Anteriormente los grandes capitales eran los que iban y regresaban a otros países, ahora, ante la incertidumbre, son los pequeños inversionistas quienes llevan su dinero al extranjero para asegurar la solidez de su economía familiar. Estos capitales no regresan, simplemente se quedan afuera, lo que afecta la economía interna de México.