Sucesión, un juego de mesa

ALMA GRANDE

Por Ángel Álvaro Peña

Los tiempos no los pone el Presidente, pero los temas sí, y al echar al vuelo las campañas de la sucesión todos van a misa, hasta los ateos, peor sería quedarse fuera.

Si al Presidente se le ocurre hablar del frío en plena canícula todos llegan abrigados, y esto parece ser parte del estilo personal de gobernar de López Obrador.

Así llega el tema de la sucesión, donde se nombra a algunos, otros levantan la mano por no ser nombrados, y otros más recurren a los medios para dar a entender que ahí están y no se mueven. Por ejemplo, Ricardo Monreal, que no quiere quedarse atrás y mucho menos afuera; y asegura que él estará en la boleta del 2024 y que espera que sea con Morena y en las filas del actual presidente de la república, aunque éste no lo haya mencionado en la primera lista de posibles sucesores.

El jueves 15 de julio fue entrevistado sobre ese tema por dos periodistas. El senador considera que todavía no son tiempos de echarse de enemigos a sus correligionarios, y que debe concentrarse en las tareas actuales, pero tampoco dijo que estaría cruzado de brazos.

El presidente lanzó una lista de nombres en un juego de cartas con los ases de Claudia Sheinbaum, jefa de gobierno de la Ciudad de México; Marcelo Ebrard, secretario de Relaciones Exteriores; Juan Ramón de la Fuente, embajador de México ante la ONU; Esteban Moctezuma, embajador de México en Estados Unidos; Tatiana Clouthier, secretaria de Economía; y Rocío Nahle, secretaria de Energía.

Y es que si habla de posibles candidatos ninguno de los que quiere llegar puede quedarse callado, tienen que sacar la cabeza, aunque sólo sea para que se la corten.

Así, el presidente, como todo un mago, saca de su sombrero un conejo y todos lo persiguen. El distractor esencial para tiempos de crisis o de falta de noticias interesantes, moviendo a todos tras ese conejo que antes de que lo atrapen surge otro distractor del que comentarán todos nuevamente. Sin importar si son inconformes, detractores, aliados o simples partidarios del gobierno actual, ahí van tras la nota dada por el Presidente.

Como es el caso de Ricardo Monreal, de quien comentaron algunos que si Morena no lo escoge, con o sin encuestas, con o sin legalidad, podría inclinarse por sus raíces priistas, al fin y al cabo de ahí viene.

Otros quieren dividir a Morena desde ahora por un evento que ocurrirá dentro de dos años y medio, y este es uno de los espectáculos preferidos del Presidente, cuando todos se mueven tras un fantasma que él mismo inventó.

Claro, no deja de observar a los protagonistas de este espectáculo y ver con cuidado cómo se comportan ante una posible eventualidad de ser escogidos como candidato del partido en el poder.

Observarlos como espectador le otorga a López Obrador la ventaja de empezar a descartar, en una selección donde cada gesto cuenta y cada palabra tiene su significado, en una pelea de todos contra todos, guardando no sólo la equidad sino la unidad de un partido que cada día se muestra más vulnerable, porque puede ser fuerte Morena desde la oposición, pero se tambalea como partido en el gobierno y puede haber fisuras que serán también tomadas en cuenta por el Presidente a la hora de seleccionar a su sucesor, aunque asegure que no hay tapados ya.

Pero una cosa es ser candidato y otra presidente. Porque la jugada maestra radica en que, desde ahora, todos se sienten presidentes, como si el juicio de las urnas no existiera o como si supieran que el contrincante desapareciera.

Por su parte, los medios dan espacio al tema del momento y lo destacan, aunque no sean los tiempos, pero deben registrar las declaraciones de los protagonistas que suelen morir, como los peces, por la boca. Y de las voces que los medios den fuerza pueden ganar o perder puntos de acuerdo con unas reglas del juego no escritas, que es lo que hace más interesante este juego.

El caso es que el presidente López Obrador coloca el tablero y las piezas del ajedrez político empiezan a moverse solas en una pelea simulada, pero real, donde hasta un peón podría comerse a la reina en un jaque mate inesperado. En este momento sólo hay aspirantes a la pelea, pero no a la candidatura y eso deben entenderlo los implicados, los amigos y los enemigos. La sucesión ahora es un juego de mesa donde el Presidente baraja las cartas y reparte. PEGA Y CORRE. – Las aduanas estarán vigiladas por las Fuerzas Armadas de México y será su responsabilidad la transparencia con la que se manejen en estos lugares. El objetivo es erradicar la corrupción y evitar el tráfico de armas y drogas… Esta columna se publica los lunes, miércoles y viernes.

 

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