500 años, ni perdón ni olvido | Capítulo V: La religión

Por El Cataro

En el treceno, en la cosmogonía de los mexicas estaban, Tonacatecutli, el padre de todos los dioses, Tonacacihuatli la diosa madre, Tezcatlipoca el dios de la oscuridad, Quetzalcóatl el dios blanco y bueno, Huitzilopochtli el dios de la guerra y de los mexicanos, Tlaloctecutli el dios de las aguas, Chalchihuitlicue diosa de la luz; y los dioses del Mictlán.

El treceno jugó un papel importante en la cosmogonía y en la religión del pueblo mexica, similar al olimpo de los griegos. En el pueblo mexica todo estaba regido por los dioses, y como antes de la creación del quinto sol, el cielo estaba obscuro , era necesario que hubiera un nuevo fulgor, por lo que Quetzalcóatl arrojó a su hermano en una hoguera para convertirlo en sol, y Tlaloc lanzó a su hijo, que en las cenizas cayó y cenizo y opaco quedó, formándose así el sol y la luna, dándole nuevo brillo a la Tierra, pero no tuvieron fuerza para moverse alrededor de la tierra, y así, Tecolotl ordenó a los macehuales que dieran de comer al sol la sangre y el corazón de los guerreros propios y de otros pueblos, para que el sol alumbrara para siempre la Tierra, surgiendo así las guerras floridas.

Es decir, que para los mexicas el mayor motivo de su existencia, el que era su verdad más preciada consistía en mantener en eterno movimiento al sol, para que alumbrara el futuro del mundo creado por miles de años. Y para mantener el movimiento del sol y que a diario saliera por el oriente, para ellos era necesario alimentarlo de sangre y corazones humanos. Esa era la misión que los dioses habían encargado al pueblo mexica al levantarse la oscuridad para crear el quinto sol, y por eso consideraban que el pueblo mexica estaba destinado a ser amado, respetado y a gobernar por el resto de los soles en la tierra que los dioses les habían señalado.

En este contexto, los mexicas no tenían la idea de que sus dioses fueran crueles númenes devoradores de hombres, sino eran concebidos como divinidades necesitadas de sangre y corazones humanos, para alimentarse y esto otorgaba al hombre un gran valor, puesto que de su sangre dependía la vida del Universo. Y los mexicas eran el pueblo elegido para conservar la armonía del cosmos.

En 1519 cuando los españoles llegan al continente, que después sería mal llamado América, el pueblo mexica era un pueblo joven, apenas por cumplir 200 años, con una cultura en formación, “adolescente” en busca de definir su identidad como nación y su identidad cultural.

Es importante señalar que en muy poco tiempo (200 años) los mexicas habían desarrollado una cultura muy basta y compleja, y lo habían logrado porque supieron aprovechar los conocimientos y descubrimientos de las culturas o pueblos que les antecedieron, principalmente de los teotihuacanos, los toltecas, los olmecas, e indudablemente los mayas. Es decir, los mexicas no tuvieron que empezar de cero su desarrollo cultural y su formación e identidad como nación, por eso se les consideraba los herederos del pueblo y cultura Tolteca.

Algo que todos los historiadores han omitido estudiar o señalar, es que los mexicas tenían en 1519 la oportunidad o posibilidad de crear la primera civilización de Mesoamérica. Es decir, lograr la unión de las culturas existentes en un territorio muy extenso, para con la combinación de los avances y logros de esas diversas culturas, darle identidad y forma a una sola, nueva e importante cultura, lo mismo estaba por ocurrir con la combinación de las raíces étnicas de los diversos pueblos que en 1519 formaban parte del territorio dominado por los mexicas, es decir estaban en el camino para lograr darle identidad como nación a los pueblos de Mesoamérica.

Sin exagerar ni inventar ningún dato o acontecimiento histórico, éste era el esplendor del pueblo y la cultura mexica cuando en marzo de 1519 llegaron los españoles en una tercera expedición encabezada por Hernán Cortés al río que llamaron Grijalva, para iniciar una larga noche negra que no duró solamente 300 años de esclavitud del pueblo mexica y de los demás pueblos Mesoamericanos, sino que se ha extendido en total al día de hoy por 500 años, sin que, hasta la fecha, hayamos podido recuperar nuestra identidad cultura, ni terminar de definir nuestra identidad como nación. Esa es la importancia y el reto que tenemos como generación los mexicanos que a los 500 años de la invasión española habitamos en este país. A nosotros nos corresponde recuperar nuestra identidad cultural con todo lo que somos y tenemos hoy en los diferentes rubros de la cultura, y retomar el camino para por fin definir nuestra identidad como nación, con la mezcla de razas y sangre que hoy existe en nuestro país. Pero en ambos casos debemos priorizar lo que tenemos y sobrevive de la cultura mexica y de la raza o etnias originarias.

A lo largo de la historia de las diversas culturas y pueblos, está demostrado una y otra vez, que sólo los pueblos con una cultura e identidad como nación importantes, son capaces de recuperar su identidad cultural y su identidad como nación, aún y cuando hayan sido dominados o esclavizados por cientos de años. Recordemos a los macedonios en la época de dominación de los griegos, a los egipcios, fenicios, asiros, galos, etc. en la dominación romana.

Nosotros teníamos una cultura en desarrollo, pero ya muy importante a la llegada de los españoles y estábamos en el proceso de definir o darle forma a nuestra identidad como nación. Por eso los españoles no pudieron desaparecer nuestra cultura, aun y cuando lo intentaron por todos los medios a su alcance, ni tampoco pudieron destruir nuestra identidad como nación, como ocurrió con los pueblos que habitaban en lo que ahora es el norte de los Estados Unidos, en donde el invasor inglés los desapareció literalmente, y a los pocos que quedaron los confinaron a reservas, es decir los condenaron a una muerte lenta.

 

Parte del quinto capítulo del libro “500 años. Ni perdón ni olvido”, escrito por Cataro.