El desafío del presidente

Por Ricardo Homs

El presidente López Obrador reafirmó en la mañanera del viernes pasado, realizada en Sinaloa, su decisión de seguir con su política de “abrazos no balazos” pues confía en que es más efectivo atacar las causas de la violencia que confrontar a los delincuentes. Insistió en sus razones humanitarias.

Si hacemos un análisis superficial parece razonable este planteamiento presidencial. Sin embargo, es totalmente utópico en un país víctima de la delincuencia, en el cual, durante la última elección intermedia del seis de junio hubo evidencias de intervención de organizaciones criminales en el proceso electoral.

El presidente está más preocupado por proyectar una imagen humanista de su gobierno, que por resolver el problema.

El presidente tiene razón en lo fundamental, que es atacar las causas que impulsan a los mexicanos a adherirse a la delincuencia organizada. Sin embargo, él interpreta que la pobreza es la única causa de los delitos y por ello considera que con sus programas asistenciales se frenará la delincuencia y con ello la violencia.

No considera que, en el contexto social actual, dominado por la comunicación, donde se ha idealizado la vida que se pudiese alcanzar a través de la delincuencia, en la que el poder, dinero, fama y mujeres se convierten en el más poderoso poder de seducción, se han deteriorado los valores morales de la gente.

Nadie que haya entrado a ese mundo marginal y violento, y empieza a tener lo que nunca imaginó poseer, va a dejar de aprovechar la posibilidad de generar riqueza a cambio de un chequecito de gobierno que solo sirve para sobrevivir con muchas carencias.

La delincuencia, comparada con una enfermedad degenerativa como lo es el cáncer de pulmón, no se cura dándole al enfermo un tratamiento preventivo, cambiándole hábitos dañinos entre los que está eliminar el cigarro y una dieta para modificar su alimentación.

Si además del cambio de hábitos no se ataca de inmediato esta enfermedad con quimioterapia y todos los medicamentos agresivos que se tengan a la mano, la enfermedad seguramente seguirá progresando. La terapia intensiva es fundamental para controlar la enfermedad y frenar su expansión.

Las acciones preventivas son fundamentales y suficientes mientras los problemas no llegan a su fase crítica.

Sin embargo, en un país donde la violencia crece, aumenta la desaparición de personas, se descubren nuevos campos de exterminio y narcofosas, aumentan los feminicidios, sólo por citar algunos indicadores, no se puede resolver este problema crítico con buenas intenciones y entrega de cheques de ayuda que sólo son paliativos para enfrentar la pobreza.

La delincuencia se combate de frente, con los recursos del gobierno mexicano y, eso sí, en paralelo, se deben atacar las causas que orillan a la gente a acercarse por primera vez a las actividades delincuenciales.

Siempre se puede estar peor.

¿A usted qué le parece? 

 

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