Popular más allá de las fronteras

Bisagra

Por José Páramo Castro

Por primera vez los socios del norte hablan con un gobernante con sólido apoyo popular, porque anteriormente convivían con gerentes de empresas nacionales y extranjeras y como tales eran tratados por los mandatarios de Canadá y Estados Unidos.

Porque no ha habido un expresidente que se dedicara a su país después de su gestión, sino que ocuparon puestos en las empresas extranjeras que apoyaron desde la Presidencia de la República, propinas de por medio, ahí está Zedillo, quien acabó con los ferrocarriles mexicanos para ir a ocupar un puesto de medio pelo en la empresa ferroviaria estadounidense Union Pacific.

Fox dejó la Presidencia para organizar su empresa de venta de mariguana al menudeo en tiendas similares a las de conveniencia. Felipe Calderón, luego de terminar su cargo, se convirtió en asesor de Iberdrola, empresa española a la que otorgó varios contratos leoninos de energía eléctrica.

El caso de Peña Nieto es diferente, el pobre no pudo alcanzar un cargo en ningún lado dada su corta inteligencia, pero es un playboy de tiempo completo.

Todos ellos con una popularidad abajo del 50 por ciento; sin embargo, actualmente la aceptación de los mexicanos respecto a López Obrador no ha bajado del 64 por ciento, de ahí su autoridad para ver no sólo de igual a igual a los socios del norte, sino desde un liderazgo real, porque un líder político es fuerte por la gente que lo apoya y no por las empresas que representa.

Así, acostumbrados a tratar con marionetas de los capitalistas, ahora los mandatarios de Canadá y de Estados Unidos pueden hacer negocios de verdad y convenios de conveniencia común; con los otros se hacían algunos negocios que beneficiaban a sólo unos cuantos, quienes ayudados por los funcionarios públicos ahora se autodenominan empresarios. Ese es el caso de Claudio X. González Laporte, con el apoyo que le dio Felipe Calderón de 36 millones para mejorar sus productos, a través de Conacyt, entonces dirigido por el actual diputado panista Juan Carlos Romero Hicks.

A eso no se le puede llamar clase política ni empresarios, son delincuentes que toman el dinero de la población para enriquecerse entre ellos. Eso lo saben todos, sobre todo los mandatarios que se vieron forzados en el pasado a acercarse a México por la situación geográfica para hacer una sociedad, pero hasta ahora empiezan a darle la importancia que tiene un verdadero tratado con un país soberano y un mandatario con apoyo popular.

La oposición, sobre todo quienes tienen espacios en los medios, al verse sin argumentos, con pronósticos pesimistas basados en la amargura y el resentimiento por ver perdido el subsidio acostumbrado, no tuvieron otra alternativa que comentar si López Obrador usaba cubrebocas o no, cuando la trascendencia de su presencia rebasa esas nimiedades que parecieran sacadas de un chisme de comadres.

Los socios del norte ven que el presidente de México tiene popularidad más allá de las fronteras, en cambio, cuando Calderón viajaba los mexicanos en el extranjero lo esperaban para gritarle “Asesino”, “Traidor”, “Vendido”. Hay testimonios de esto en los medios nacionales e internacionales. Sin duda hay diferencias que deben ser tomadas en cuenta no sólo por los mexicanos, la oposición y los medios, sino por los socios que nunca antes habían vivido esa experiencia espontánea, aunque haya quienes insisten en que se les pagó por asistir a vitorearlo.