Segundo piso
En el segundo piso de la Cuarta Transformación de la Nación, marcada por la incompetente gobernanza de Andrés Manuel López Obrador (no obstante lo contrariamente pensado por sus seguidores), la justicia ha vivido y vive bajo la angustiosa preocupación de un encadenamiento con la ignorancia y arbitrariedad con la que fue procurada e impartida desde el neoliberalismo, misma que se mantiene latente, presente y en ocasiones acrecentada por un insano temor de aplicar el Código Penal Federal, lo que daría origen al encarcelamiento del narco-delincuente-político que inició la infame alianza con el trasiego de drogas.
El problema de reconocer el fenómeno de la narco-política y la aplicación de la ley, al parecer hiere la sensibilidad de todos los partidos políticos —convencidos que de optar por la aplicación del Código Penal, muchos de ellos podrían resultar salpicados—, ante el fracaso de mantener ocultas esas actividades.
La desesperación de recurrir a nuestras leyes, sirve de pretexto para encarcelar a funcionarios menores, como resultan ser algunos presidentes municipales, olvidando con ello que el mal radica en las grandes alturas y que ese pretexto no resulta ser suficiente para convencer a una nación vecina o despertar la solidaridad con esa forma de gobernar.
Prentice Mulford, en el lejano ayer nos dijo en su obra “El Poder Supremo”: Es inútil ser benévolo con los demás si carecemos de fuerza y habilidad para hacernos valer y hacernos justicia, no tendremos en el mundo éxito alguno.
El saldo de combatir en este segundo piso a la narco-política nos obliga a reconocer la pobreza de acciones y decisiones para exterminarla, ese despreciable fenómeno se adueñó de potestades que no le incumben, como lo es el gobernar, legislar o aplicar la ley, convirtiéndose en fortaleza infranqueable que le brinda impunidad, mientras el Estado no ha podido, querido o sabido procurar e impartir justicia sin aquellos actos de corrupción que inició ese narco-político hoy protegido.
Argucias y trampas se han empleado para no procurar e impartir esa justicia que hoy se clama, dónde los pasos que han querido dar todos los gobernantes solo han sido un engaño, una charlatanería o una trampa para obtener inmerecidos aplausos de los gobernados.
¿Podrá tener nuestra Presidenta Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos la fuerza y habilidad para hacer justicia?.
Es cuánto.


