Minutas revelan desacuerdos entre miembros del BdeM ante presión inflacionaria
Las minutas de la más reciente decisión de política monetaria del Banco de México (BdeM) evidenciaron diferencias al interior de la Junta de Gobierno sobre la conveniencia de continuar con el ciclo de recortes a la tasa de referencia en un entorno de mayor incertidumbre inflacionaria y presiones recientes sobre los precios.
Por mayoría, el banco central decidió reducir en un cuarto de punto porcentual el objetivo para la tasa de interés interbancaria a un día, de 7 a 6.75 por ciento; sin embargo, dos integrantes votaron por mantenerla sin cambio, al considerar que el balance de riesgos para la inflación se ha deteriorado y que no existen elementos suficientes para continuar con el proceso de relajamiento monetario.
Las minutas publicadas este jueves muestran que, si bien la mayoría consideró que el entorno permite avanzar en la normalización de la postura monetaria, al apoyarse en la debilidad de la actividad económica, condiciones de potencial de crecimiento y el carácter transitorio de algunos choques inflacionarios, una parte de la Junta advirtió sobre la necesidad de actuar con mayor cautela.
Entre los votos disidentes, Galia Borja Gómez subrayó que el entorno actual combina un ajuste de precios relativos con nuevos factores de incertidumbre derivados del conflicto en Medio Oriente.
“En mi opinión, aún se cuenta con información limitada para evaluar con precisión las implicaciones de este choque, así como su magnitud y duración. Por su parte, la postura monetaria ya se ha ajustado de manera significativa conforme al panorama inflacionario previo a este evento”, manifestó.
Agregó que, si bien la inflación ha sido presionada por diversos factores recientes, la postura monetaria ya refleja un ajuste importante. En este sentido, considero que la posición de la tasa de interés ya era la adecuada para valorar con mayor claridad la evolución del panorama inflacionario y del choque en curso y, de esta forma, contribuir a preservar el firme anclaje de las expectativas.
Por su parte, el otro miembro disidente, Jonathan Heath advirtió que los fundamentos que sustentaban la expectativa de una disminución en la inflación se han debilitado.
“Los determinantes tradicionales de la inflación que el año pasado fundamentaron la expectativa de una trayectoria descendente fueron insuficientes para evitar la persistencia de la inflación subyacente. Estos factores ahora se encuentran debilitados”, apuntó.
Agregó que el entorno actual presenta mayores riesgos al alza, derivados tanto del conflicto internacional como de choques internos en precios agrícolas. En ese contexto, sostuvo que “no perdemos nada en pausar y esperar para que estos choques verdaderamente se disipen”, mientras que recortar la tasa podría implicar costos relevantes, al “dar la impresión equivocada de un menor apego al mandato prioritario”, que es el de controlar la inflación.
El contraste, la mayoría de los integrantes (las minutas no identifican con nombre los comentarios hechos, con excepción de los votos disidentes) sostuvo que el repunte de la inflación general —que pasó de 3.77 a 4.63 por ciento entre la primera quincena de enero y la primera de marzo— se explica en gran medida por aumentos en un número reducido de productos del componente no subyacente, particularmente frutas y verduras.
En ese sentido, se destacó que estos choques son de carácter transitorio y tienden a disiparse conforme se normalizan las condiciones de oferta. También se reiteró que los efectos de los cambios en impuestos y aranceles han sido acotados y sin evidencia de efectos de segundo orden.
No obstante, incluso entre los miembros que apoyaron el recorte, se reconoció que el panorama inflacionario se ha vuelto más complejo. Algunos miembros señalaron que las expectativas de inflación de corto plazo se han ajustado al alza, mientras que la inflación subyacente se mantiene en niveles elevados.
Asimismo, se advirtió que el conflicto en Medio Oriente ha introducido riesgos adicionales difíciles de cuantificar, particularmente a través de mayores precios de energéticos, insumos y costos de transporte, lo que podría presionar la inflación en los próximos meses.
Dentro de la discusión, un miembro de la Junta consideró que la postura monetaria no ha ejercido suficiente presión a la baja sobre los precios y que la transmisión ha sido limitada, lo que podría impedir revertir la tendencia al alza de la inflación. También se señaló que factores estructurales han consolidado un nivel inflacionario cercano a 4 por ciento.
En contraste, otros integrantes argumentaron que la política monetaria debe evitar reaccionar de manera apresurada a choques transitorios y que el reciente aumento de la inflación responde a factores sobre los cuales la política monetaria no tiene incidencia directa.
Los miembros de la Junta coincidieron en que el balance de riesgos para la inflación mantiene un sesgo al alza, el cual se ha acentuado por el entorno internacional. Sin embargo, hay diferencias entre los distintos miembros respecto a la evaluación del momento adecuado para continuar con el ciclo de recortes.
La Junta de Gobierno señaló que hacia delante valorará la pertinencia de nuevos ajustes en la tasa de referencia conforme evolucione el entorno macroeconómico y financiero, manteniendo como objetivo la convergencia ordenada de la inflación a la meta de 3 por ciento.

