COLUMNISTAS

La Cumbre de Líderes de América del Norte y su impacto en Latinoamérica

 

Por Ricardo Homs

La Cumbre de Líderes de América del Norte sirvió para lo que tenía que servir… proyectó una imagen de camaradería y empatía entre el presidente norteamericano Joe Biden, el primer ministro de Canadá Justin Trudeau y el presidente López Obrador, lo cual tranquilizó a los mercados y mostró estabilidad política regional después de todas las especulaciones generadas por la captura de Ovidio Guzmán, con fines de extradición hacia Estados Unidos.

No hubo novedades generadas durante esta visita en los ámbitos migratorio y energético, -los dos más importantes de la relación bilateral con Estados Unidos-, pues antes de la visita ya se había difundido la noticia del acuerdo por el cual México aceptaba recibir mensualmente a 30 mil migrantes expulsados de Estados Unidos.

El compromiso de combatir la producción de fentanilo desde México fue una reiteración de un acuerdo totalmente previsible y hasta lógico, que no necesitaba de una visita de tan importante trascendencia para que se realizase.

Sin embargo, el verdadero beneficiario de esta visita fue el presidente López Obrador, por el mensaje de gran significado que proyectó hacia Latinoamérica.

Es evidente que el presidente López Obrador desde que inició su sexenio mostró su gran interés en convertirse en el líder moral de Latinoamérica, -ante la ausencia definitiva de Fidel Castro y Hugo Chávez-, los icónicos símbolos del Foro de Sao Paulo.

Este anhelo de liderar Latinoamérica ya lo había manifestado el presidente Luís Echeverría, sin haberlo conseguido.

Sin embargo, la llegada de Lula al poder en un país de gran peso en Latinoamérica, -como lo es Brasil-, supone una piedra en el zapato para conseguir ese objetivo.

Así vemos que esta reunión, como anfitrión del presidente Biden y las imágenes mediáticas de cercanía afectiva que logró generar  el presidente López Obrador aportó un gran capital hacia este objetivo.

La propuesta, -casi ignorada por el presidente Biden-, de buscar consolidar un bloque continental americano, tuvo ese impacto simbólico esperado, pero hacia el sur del continente.

Proyectó hacia Latinoamérica el mensaje de que López Obrador es ese interlocutor eficiente que puede garantizar constituir un puente ante la potencia hegemónica del continente, -y quizá también del mundo-, y Latinoamérica.

Este rol que logra personificar López Obrador no podría asumirlo Lula desde la distancia que está su país y las pocas oportunidades de contacto personal entre ambos mandatarios.

La frontera común y los grandes intereses que representa genera esa forzosa vinculación entre ambos países.

Si en la política internacional las percepciones públicas tienen gran relevancia, entonces el presidente López Obrador generó a su favor esta carta que representa la forzosa vecindad geográfica y las vinculaciones y oportunidades de contacto que esto significa.

Bajo este objetivo se entiende, -y se puede interpretar-, la ramplona zalamería del presidente López Obrador hacia Biden, como lo fue su mensaje de agradecimiento por no haber construido durante su gestión ni  siquiera un metro de muralla. Además, destacar los 200 años de estrecha y afectuosa vinculación entre México y Estados Unidos, lo cual no corresponde con la realidad. 

En esos dos siglos México perdió frente a Estados Unidos un vasto territorio y se perpetraron las invasiones militares que consigna nuestra historia.

Podríamos concluir que el significado de camaradería entre nuestro presidente López Obrador y los mandatarios Biden y Trudeau, aportan al presidente López Obrador puntos a favor de la búsqueda del liderazgo latinoamericano.

 

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