Colombia y Estados Unidos enfrentan su peor crisis diplomática en 200 años
De improperios a insultos, con expulsión de colombianos residentes en el norte, a explícitas amenazas de invasión han caracterizado las relaciones Colombia-Estados Unidos en el primer año del gobierno del segundo mandato del presidente, Donald Trump.
La última versión de la confrontación entre Trump y el gobernante de Colombia, Gustavo Petro, corrió por cuenta del mandatario estadunidense luego de amenazar al país sudamericano con una invasión, tras el cruento secuestro del presidente Nicolás Maduro el pasado fin de semana en una clara violación del Derecho Internacional que ratificó el bombardeo contra la capital de Venezuela, Caracas.
“Que se cuide”, espetó Trump a una pregunta de un reportero sobre el futuro del presidente Petro.
“Si he de volver a las armas, lo haré para defender la soberanía de mi país”, respondió Petro en un trino en la red social X. En ese mismo documento recordó su pasado guerrillero y su defensa de los principios bolivarianos que son los mismos del gobierno chavista; pero, al mismo tiempo, destacó su compromiso con la democracia luego de pactar un acuerdo de paz y contribuir diseñar la Constitución Política que rige en Colombia desde 1991.
“Sé perfectamente que lo hecho por Donald Trump es aberrante. Han destruido el Estado de Derecho a nivel mundial. Se han orinado sangrientamente sobre la soberanía sagrada de toda Latinoamérica y el Caribe”, sentenció el presidente de Colombia.
Nunca antes en más de 200 años de relaciones Colombia-Estados Unidos se había llegado tan lejos en una crisis que ya pone sobre la mesa acciones como las tomadas por el mandatario colombiano, tras advertir a los miembros de la Fuerza Pública -Ejército, Armada Naval, Fuerza Aérea y Policía- que quien “no esté con la bandera tricolor” serán excluido.
Estos hechos ocurren en medio de una campaña electoral que define este año la nueva composición del Congreso de la República y elige al sucesor de Petro. Campaña que, según el mismo presidente colombiano, Estados Unidos intenta operar con “acciones orquestadas” por el secretario de Estado, Marco Rubio, al manipular inversiones onerosas por parte del Banco Interamericano de Desarrollo -BID- para financiar las campañas de la extrema derecha.
La derecha calla, pero al mismo tiempo le da un respaldo, sin eufemismos, a la invasión de Estados Unidos a Venezuela. “Apoyamos lo hecho por el presidente Trump contra el tirano y dictador narcotraficante Nicolás Maduro”, dijo el ex presidente Álvaro Uribe Vélez, líder de la extrema derecha sin contar que su hermano Santiago, fue condenado recientemente por la justicia a 28 años de cárcel por narcoparamilitarismo.
“Rechazo profundamente que Trump hable sin conocer; mi nombre en 50 años no aparece en los archivos judiciales sobre narcotráfico ni de antes ni del presente. Deje de Calumniarme señor Trump. Así no se amenaza a un presidente latinoamericano surgido de la lucha armada y después de la lucha por la paz del pueblo de Colombia. Yo fui de la organización clandestina que luchó por la democracia en Colombia contra la dictadura civil del estado de Sitio, la organización que en 1974, mucho antes que (el fallecido ex presidete venezolano Hugo) Chávez, realizó la operación para levantar la espada de Bolívar quien dijo que jamás la envainaría sino cuando acabase la injusticia en la Gran Colombia. Yo fui del M-19 que hizo la primera paz en América Latina contemporánea”, dijo Petro, en un extenso trino en X para, además, invitar a toda la región desde la Patagonia hasta México a emanciparse de nuevo.
Petro convocó a movilizaciones este miércoles en todas las plazas del país, y el hablará en la Plaza Bolívar de esta capital.
Para Colombia no ha sido ni será indiferente una invasión como la que ocurrió contra el vecino país pues se comparte una frontera común entre ambas naciones de 2 mil 220 kilómetros de extensión y que es habitada por aproximadamente seis millones de colombo-venezolanos; es un “camino verde” que lo hace extremadamente poroso, es decir, frágil; fragilidad que es aprovechada por delincuencia común, organizaciones del narcotráfico y grupos guerrilleros como el Ejército de Liberación Nacional.

