COLUMNISTAS

Combate desigual

Se sabe que los ex presidentes constitucionales de los Estados Unidos Mexicanos, fueron ególatras y farsantes por naturaleza. Sus acciones para combatir la narco-política giraron siempre alrededor de sus intereses económicos y de la corrupción que imperó en sus mandatos. Todos ellos, por complicidad, encubrieron siempre a aquel forajido del derecho que inició la inadmisible alianza entre el Estado y la narco-delincuencia, pretendiendo justificar sus motivos como “causa de seguridad nacional”.

Desde aquél ayer, la abogacía pensante e independiente de la Nación empezó a accionar con ética en busca de justicia; en escrutar mediante el derecho la manera de motivar al Estado y sus agentes del ministerio público para exterminar ese deleznable acto de corrupción. Desde entonces esos pedimentos de justicia se encontraron en una gran desventaja, ya que la lucha para encontrar la verdad se topó desde siempre, con la complicidad del Poder Ejecutivo Federal para evitar encontrar esa verdad que tanto daño ha causado a México.

El problema no es el hecho jurídico de que a las togas independientes no les asista la razón, sino que el propio Estado por conducto de sus Procuradores y Fiscales Generales de la Federación, han sido cómplices y omisos en cumplir cabalmente con su deber. La nula ética y/o corrupción de ellos es lo que causó su debilidad. Ese fue el craso error que no previó la abogacía pensante, confió en la lealtad del Estado para con la justicia. Sin tomar en consideración que esos servidores públicos le dieron más importancia a encubrir la narco-política que utilizar el Derecho para combatirla.

Ahora más que nunca México se encuentra ansioso de creer en la justicia, toda vez, que las expresiones que ha venido efectuando el Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, dan la razón a esas togas de independencia, una investigación sana y conforme a estricto derecho, sería la pauta para evitar una intromisión ilegal de parte de otra Nación para combatir el fenómeno de la narco-delincuencia política. Aquí y ahora cabe referir que nuestras instituciones se regeneran dentro de la misma fuerza de honestidad con la que cuentan esas instituciones.

La Primera Magistrada de la Nación, pudiera, si así quisiera, no convertirse en cómplice del fenómeno de la narco-política, como otros gobernantes así lo hicieron, para ello tendría que aprovechar esa coyuntura canalizándola a una investigación que resultara justa para México, con ello demostraría a la comunidad internacional que nuestra Patria no es un semillero de apoyo al narcotráfico y que, a partir de hoy, jamás podrá tildarse a nuestra Patria como un narco Estado.

Esa causa es justa para la Nación que dirige, pero debe de representarla con virilidad y sin complicidad; acorde a la época de renovación que expresa, apuntando al bienestar de México.

Para ello, sólo basta revisar los archivos de la que fue la Procuraduría General de la República para encontrar la razón de tanta corrupción.

Es cuánto.

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