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Dirigir sin cédula: la incongruencia en el Conalep Veracruz

El reciente nombramiento de Enrique Mariano Molina Ramírez como director del Conalep 144 Veracruz II abre una discusión que no debería existir en el ámbito educativo: la falta de preparación académica de quien encabeza una institución de formación técnica. De acuerdo con el Registro Nacional de Profesionistas de la SEP, no existe cédula profesional a su nombre, pese a que las propias normas del sistema Conalep establecen ese requisito para ocupar un cargo directivo.

El tema no es menor. El Conalep es una institución que presume estándares académicos y exige a su personal docente cumplir con perfiles profesionales rigurosos para acceder a puestos de mayor responsabilidad. Resulta contradictorio que, mientras a maestras y maestros se les pide formación comprobable, la dirección recaiga en un perfil que no acredita estudios universitarios.

La preocupación crece al revisar la trayectoria previa del nuevo director. Su experiencia se ha concentrado en cargos administrativos y políticos: Instituto de la Juventud, Subdirección de Gobernación en Boca del Río, Atención Ciudadana en Sedesol y la Jefatura Estatal de Pasaportes de la Secretaría de Relaciones Exteriores en Veracruz en 2018. Es un recorrido válido en la administración pública, pero distante del perfil académico que demanda una institución educativa.

A ello se suma un antecedente delicado: en 2017 fue detenido por la entonces Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales, señalado por delitos electorales y peculado, en un caso relacionado con el presunto uso de programas sociales con fines políticos. Aunque ese episodio corresponde al ámbito judicial, es imposible ignorar el impacto que tiene en la credibilidad de un nombramiento educativo.

El Conalep 144 Veracruz II no es un botín administrativo ni un espacio para improvisaciones. Es una institución donde se forman jóvenes que buscan herramientas reales para su futuro profesional. Colocar al frente a perfiles que no cumplen con los requisitos mínimos envía un mensaje equivocado: que la educación puede subordinarse a decisiones políticas.

La educación exige coherencia, profesionalismo y respeto. Todo lo demás es simulación.

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