Urgen manos jóvenes para sostener albergue
En el corazón solidario de Tuxpan, un grupo de 14 mujeres la mayoría adultas mayores mantiene en pie una de las obras asistenciales más nobles del municipio: el albergue Santa Luisa de Marillac, espacio donde diariamente se brinda alimento, resguardo y apoyo a familiares de pacientes internados en el Hospital IMSS Bienestar “Dr. Emilio Alcázar”.
Se trata de las Damas Voluntarias Vicentinas, quienes, pese al paso de los años y el desgaste físico que implica su labor, continúan al frente de esta misión humanitaria. Las integrantes más jóvenes tienen entre 55 y 56 años, mientras que la mayor supera los 80, situación que hoy las coloca ante un reto urgente: la necesidad de sumar manos nuevas y más jóvenes que garanticen la continuidad del servicio.
El trabajo en el albergue es constante y demandante. Las voluntarias no solo atienden a los huéspedes, sino que además gestionan los recursos necesarios para mantenerlo en operación. El espacio se sostiene únicamente gracias a la cooperación de ciudadanos, comerciantes y personas de buena voluntad, sin fines de lucro ni apoyo institucional fijo.
En este lugar se ofrecen tres comidas al día, un sitio digno para dormir, áreas para aseo personal y la posibilidad de lavar ropa a quienes acompañan a enfermos hospitalizados, muchas veces provenientes de comunidades alejadas y sin recursos para hospedarse en la ciudad.
Además de atender directamente a los beneficiarios, las voluntarias deben cubrir gastos de mantenimiento, servicios, alimentos, insumos y funcionamiento general del albergue, lo que implica una labor permanente de gestión y recaudación.
Este día realizaron un boteo en el centro de Tuxpan con el objetivo de recaudar fondos, pero también para visibilizar la situación que enfrentan: el envejecimiento del grupo y la necesidad de relevo generacional en esta obra social.
Las Damas Vicentinas hacen un llamado abierto a mujeres que deseen integrarse como voluntarias y contribuir en esta causa solidaria, orientada a apoyar a quienes atraviesan momentos difíciles lejos de casa, acompañando a un familiar enfermo.
Se trata, afirman, de un servicio que nace de la fe y la empatía, sostenido por el compromiso de quienes creen en ayudar al prójimo sin esperar nada a cambio. Hoy, más que nunca, buscan que esa cadena de solidaridad continúe.

