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Ellos serían diputados

Las reformas electorales no solo cambian leyes; alteran destinos políticos. A veces, el verdadero impacto de una modificación normativa se entiende mejor mirando hacia atrás y preguntando: ¿qué habría pasado si estas reglas hubieran estado vigentes en la elección anterior?

Si la reforma impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum hubiera aplicado en 2024, particularmente en lo relativo a la representación de las segundas fuerzas en los distritos, el mapa legislativo de Veracruz sería hoy distinto. No se trata de reescribir la historia, sino de dimensionar el alcance del nuevo diseño.

Bajo esa lógica hipotética, varios perfiles que quedaron en segundo lugar habrían encontrado un espacio en el Congreso. En el norte del estado, Pánuco podría haber llevado a Ricardo García Escalante, actual Director Nacional de Elecciones del PAN. En Tantoyuca, Guilebaldo García Zenil, de extracción panista, habría tenido vía de acceso. En Poza Rica, Naro Amador, ex diputado federal del PRD, habría regresado al escenario legislativo. Y en Papantla, Mariano Romero —hoy en Movimiento Ciudadano tras su disputa interna por la candidatura municipal— habría capitalizado esa segunda posición.

En la zona centro el efecto no sería menor. En Xalapa urbano, Sergio Hernández —quien ha mostrado acercamientos con Movimiento Ciudadano junto a Américo Zúñiga— habría tenido posibilidades reales. En Perote figuraría Andrea Vanessa Martínez Galicia; en Coatepec, Arianna Guadalupe Ángeles Aguirre, ex secretaria general del PRI estatal; en Orizaba, el comunicador Carlos Vidal Neri; en Huatusco, Maximino Zanatta Peralta, con pasado en el Partido Verde; y en Zongolica, Lillian Zepahua García, ex presidenta del PRI en Veracruz.

El ejercicio revela algo más profundo: la reforma no solo redistribuye curules, redefine incentivos. Premia la competitividad, incluso en la derrota, y obliga a los partidos a disputar cada voto sabiendo que el segundo lugar podría no ser estéril. También fragmenta más el poder y abre espacio a liderazgos regionales que, bajo el esquema anterior, quedaban fuera.

Claro está, toda reforma genera resistencias. Sus críticos advierten riesgos de sobre representación o de complejidad en la asignación. Sus defensores sostienen que fortalece la pluralidad y evita que mayorías circunstanciales monopolicen la voz legislativa. Lo cierto es que, aplicada en 2024, Veracruz tendría hoy un Congreso más diverso y con mayor presencia de fuerzas que, aunque no ganaron la mayoría relativa, sí demostraron respaldo ciudadano.

En política, las reglas son tan decisivas como los votos.

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