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Dos Bocas es muestra del movimiento energético desde la política

ALMA GRANDE

POR ÁNGEL ÁLVARO PEÑA

Hablar del sector energético en México hoy es hablar de movimiento, de inversión y de una visión que, con aciertos y retos, ha buscado recuperar la capacidad productiva del país. En ese contexto, el proyecto de Dos Bocas se ha convertido en un símbolo de esa apuesta, impulsado durante la gestión de Rocío Nahle al frente de la Secretaría de Energía.

La refinería Olmeca, ubicada en Dos Bocas, es una pieza estratégica que actualmente se encuentra en fase de operación y procesamiento de hidrocarburos, con el objetivo de fortalecer la autosuficiencia energética del país, particularmente en la producción de combustibles.

Para muestra del dinamismo del sector energético, recientemente llamó la atención la llegada al puerto de Tuxpan de un imponente barco de bandera turca, de aproximadamente 135 metros de largo, 42 de ancho y 45 de alto. Se trata de una central termoeléctrica flotante con capacidad cercana a los 240 megawatts, que opera con gas o combustóleo y que suele utilizarse en regiones como Medio Oriente. Su presencia abre distintas lecturas: desde un posible apoyo temporal a la generación eléctrica mientras se realizan trabajos en infraestructura nacional, hasta una escala técnica. Lo cierto es que evidencia que el sector energético en México está activo y en constante transformación.

Este movimiento no puede entenderse sin el paso de Rocío Nahle por la Secretaría de Energía, donde se consolidaron proyectos clave como Dos Bocas, apostando por fortalecer la soberanía energética y reducir la dependencia del exterior.

Por otro lado, lo ocurrido ayer en las inmediaciones de la refinería —un incendio y explosión que lamentablemente dejó cinco personas fallecidas— debe analizarse con responsabilidad. De acuerdo con información oficial, el incidente se registró fuera de las instalaciones, derivado de la acumulación de residuos de hidrocarburos provocada por lluvias intensas, lo que generó la ignición del material.

Se trata de un hecho lamentable, que enluta a familias y obliga a revisar protocolos, pero que también debe entenderse como un caso aislado que no compromete la operación general de la refinería ni el proyecto en su conjunto, el cual continúa en funcionamiento.

Hoy, más que nunca, el país requiere una visión equilibrada: reconocer los avances, exigir mejoras donde sean necesarias y entender que el desarrollo energético implica retos constantes. Dos Bocas, con todo lo que representa, es parte de esa historia que aún se está escribiendo.

Esta columna se publica los lunes, miércoles y viernes.

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