ECONOMÍA

Auge del mezcal como industria millonaria devasta ambiente de Oaxaca

Hace 30 años una sola bombilla iluminaba la destilería de mezcal de la familia de Gladys Sánchez Garnica en una zona rural de Oaxaca donde la elaboración del destilado de agave tardaba toda la noche. A medida que las gotas caían lentamente de un horno de barro, Garnica y sus hermanos escuchaban a sus padres contar historias, mientras los vecinos llegaban a caballo a probar la bebida conocida por su sabor ahumado.

“Nos enseñaron cuándo cosechar el agave, cómo cuidar la tierra y cuánto podíamos pedirle al monte”, cuenta Garnica, de 33 años, desde una destilería gestionada por mujeres en San Pedro Totolápam, un municipio de poco más de 3 mil habitantes en la región de los Valles Centrales de Oaxaca, donde gran parte de la economía depende del mezcal.

Hoy esa tradición convive con un auge global que ha transformado al mezcal en una industria multimillonaria dominada por marcas internacionales. A medida que esta bebida se ha extendido por bares de todo el mundo, también lo ha hecho su huella sobre el territorio.

A lo largo de la carretera que conduce a comunidades como San Luis del Río, donde se producen marcas promovidas por celebridades como Dos Hombres, creada por los actores Bryan Cranston y Aaron Paul, de la popular serie Breaking Bad, vastas plantaciones de agave cubren ahora laderas que antes eran bosque. Aunque el auge ha traído beneficios económicos para muchos productores locales, también ha tenido consecuencias ambientales cada vez más visibles.

La producción en México ha pasado de un millón de litros en 2010 a más de 11 millones en 2024, según el Consejo Mexicano Regulador de la Calidad del Mezcal (Comercam). Casi todo se produce en Oaxaca, pero menos de 30 por ciento se queda en el país. Alrededor de 75 por ciento de las exportaciones se destinan a Estados Unidos.

Más de 34 mil 953 hectáreas de bosques tropicales secos y de pino encino han desaparecido en los últimos 27 años para dar paso al cultivo de agave, según un estudio dirigido por Rufino Sandoval-García, ingeniero forestal y profesor de la Universidad Tecnológica de los Valles Centrales de Oaxaca.

El estudio también encontró que las plantaciones de agave se han expandido más de 400 por ciento en las últimas tres décadas, sustituyendo cada vez más bosques y tierras agrícolas por una variedad de agave conocida como espadín, utilizada en la mayoría del mezcal comercial.

La pérdida de bosques nativos está acelerando la erosión del suelo y reduciendo la captura de carbono en más de 4 millones de toneladas al año en la zona estudiada. También está limitando la capacidad del suelo para retener agua y generando islas de calor en áreas con alta concentración de cultivos.

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