COLUMNISTAS

Nuestras playas necesitan apoyo, no críticas

ALMA GRANDE

POR ÁNGEL ÁLVARO PEÑA

A inicios de marzo de 2026, la presencia de hidrocarburos —chapopote— en el Golfo de México encendió las alertas ambientales en las costas de Veracruz y Tabasco. Más de 500 kilómetros de litoral resultaron afectados, impactando comunidades pesqueras, actividad turística y ecosistemas marinos.

Ante ello, autoridades federales y estatales activaron operativos de limpieza con la participación de Marina, Pemex y dependencias ambientales, logrando recolectar más de 100 toneladas de residuos y reportando avances significativos en la recuperación de playas. Sin embargo, hasta ahora no existe una causa única confirmada del origen del derrame.

En medio de esto, las críticas hacia la gobernadora Rocío Nahle han escalado más allá de lo razonable. El “golpeteo” político que se ha generado no solo resulta desproporcionado, sino también desconectado de la realidad operativa que hoy se vive en las costas.

Sí, hubo afectaciones. Negarlo sería irresponsable. Pero también es cierto que desde el primer momento se activaron acciones coordinadas para contener y limpiar las playas. La propia gobernadora ha sostenido encuentros con distintos actores, incluida la presidenta municipal de Boca del Río Maryjose Gamboa, en un intento por dar seguimiento institucional y no partidista a la situación.

Lo que hoy debería ser prioridad —la recuperación ambiental y el respaldo a las comunidades costeras— ha sido desplazado por una narrativa que busca capitalizar políticamente una contingencia.

Y es aquí donde vale la pena hacer una pausa.

No se trata de cualquier litoral. Las playas de Veracruz no solo son un destino turístico: son parte del origen mismo de nuestra historia. Fue en estas costas donde desembarcó Hernán Cortés, marcando el inicio de una nueva etapa para el continente. Son, en muchos sentidos, las primeras playas del llamado Nuevo Mundo.

Reducirlas a una imagen momentánea de contaminación —en medio de un proceso activo de limpieza— no solo es injusto, es una falta de perspectiva.

El debate público no debería centrarse en quién gana políticamente con la crisis, sino en cómo se resuelve. Porque mientras algunos insisten en el desgaste, hay equipos trabajando en campo, hay comunidades esperando respuestas y hay un ecosistema que necesita atención urgente.

Criticar es válido. Exagerar, no.

Hoy más que nunca, Veracruz necesita menos golpeteo y más responsabilidad. Porque sus playas —históricas, simbólicas y vivas— merecen algo más que convertirse en bandera de disputa.

Esta columna se publica los lunes, miércoles y viernes.

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