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Quien gobierna limpio no claudica ante el temor

Las denuncias de presuntas presiones políticas a alcaldes de oposición en Veracruz han vuelto a colocar a los partidos frente a un dilema: ¿se trata de intimidación real o de fragilidad política? Movimiento Ciudadano ha optado por alzar la voz y advertir que no permitirá que se vulnere la voluntad popular de quienes ganaron en las urnas. El mensaje es válido, pero incompleto si no viene acompañado de una definición clara de carácter y convicciones.

En política, las presiones existen siempre. Son parte del juego del poder. La diferencia está en cómo se enfrentan. Si un alcalde o un dirigente se siente vulnerable ante una llamada, una advertencia velada o una promesa de recursos, el problema no siempre está del lado de quien presiona, sino de quien duda. Quien llega limpio, con cuentas claras y sin “cola que le pisen”, no tiene por qué temer ni ceder.

Ahí es donde la oposición necesita afianzar perfiles, no discursos. Denunciar intimidaciones sirve de poco si al mismo tiempo se abren grietas internas, se manda el mensaje de debilidad o se prepara el terreno para justificar futuras desbandadas. La ciudadanía no votó por administraciones temerosas, sino por gobiernos capaces de sostenerse ante cualquier embate.

En contraste, el PRI ha dejado clara una postura que, guste o no, es políticamente consistente. Frente a presiones, descalificaciones o intentos de deslegitimación, su dirigencia ha reiterado que no se dobla ni se esconde. “Ni se cambian ni se rajan”, como lo ha dicho su dirigente nacional, Alejandro Moreno. Esa frase, más allá de la retórica, marca una línea: quien milita y gobierna bajo unas siglas debe asumir el costo político de hacerlo.

La oposición no puede construirse desde el miedo ni desde la victimización permanente. Si hay pruebas de coacción, que se presenten. Si no, que se gobierne con firmeza. Convertir cada tensión política en una excusa debilita a quienes dicen defender la pluralidad y fortalece, paradójicamente, al poder que se acusa de avasallar.

En tiempos de reacomodos, la oposición tiene dos caminos: consolidar liderazgos con carácter o seguir administrando pretextos. Y en política, los pretextos siempre terminan cobrando factura.

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