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Adolfo Ramírez Arana, confiable para el PRI

El PRI es un partido que alguna vez dominó la vida política estatal y terminó reducido a la resistencia electoral y al recuerdo la época dorada. Qué fácil ser PRIista cuando todas ganaba. Por eso, cada intento de reorganización territorial adquiere hoy un peso distinto: no se trata solamente de hacer eventos, sino de demostrar que todavía existe estructura, ánimo y operación política.

Por ello la presencia de Adolfo Ramírez Arana en Poza Rica no pasó desapercibida.

El dirigente estatal ha estado en innumerables ocasiones entre la militancia pozarricense (como aspirante, dentro de la CNOP, con amigos aquí en la ciudad y en el respaldo siempre de los candidatos); hoy lo hizo acompañado de la nueva Secretaria General Carolina Gudiño Corro, quien participó en el festejo del Día de las Madres organizado por el Comité Municipal del PRI encabezado por Adrián Tadeo. Y aunque para algunos podría parecer un acto más dentro de la agenda partidista, en realidad refleja algo que el PRI necesita urgentemente: volver a construir cercanía con la gente.

Porque si algo perdió el priismo en los últimos años fue precisamente eso. El contacto real con las bases. El dejarse apantallar por “los amarillos”, que emocionaban más que un bulto de cemento rancio. Esos que presumían ser proyecto, y que terminaron proyectados contra el suelo.

El evento reunió a decenas de madres de familia de Poza Rica en un ambiente de convivencia, rifas, obsequios y comida, acompañado además por liderazgos regionales como la regidora priista Blanca de la Cruz, mi siempre estimado Eloy Ramírez, dirigente priista en Papantla, y Esperanza Hernández Pérez, presidenta del PRI en Cazones.

También estuvieron presentes cuadros estatales como Sergio Armin Vásquez Muñoz, secretario de Organización; Dalia Pérez Castañeda, presidenta del ONMPRI; y mi muy querida amiga Celia Patricia Lagunes, secretaria general de la Red de Jóvenes por México.

Más allá del protocolo, el mensaje político fue claro: el PRI busca reorganizarse desde abajo, fortaleciendo estructura territorial y recuperando sectores que históricamente fueron fundamentales para el partido, particularmente las mujeres.

Y ahí es donde Adolfo Ramírez Arana parece estar construyendo su principal apuesta.

A diferencia de otros liderazgos priistas que optaron por encerrarse en las oficinas de sus encargos, bajo el ala del erario, limitándose al discurso opositor siendo comparsa del régimen, el dirigente estatal ha intentado mantener presencia en territorio, apostando por reconstruir ánimo interno en municipios donde el partido parecía completamente desfondado.

¿Le alcanza eso al PRI para competir nuevamente con fuerza en Veracruz? Todavía no.

Sería ingenuo ignorar el tamaño de la crisis que enfrenta el tricolor. Morena domina la política, controla gran parte de las estructuras institucionales y mantiene una ventaja electoral amplia. Además, el PRI sigue cargando el desgaste histórico de corrupción, excesos y errores que muchos ciudadanos todavía no olvidan.

Sin embargo, también sería un error minimizar el valor político de reorganizar una estructura fracturada.

El priismo entiende que hoy no puede venderse como el partido invencible de antes. Su reto es distinto: respaldar ahora a su militancia y jamás nunca de nuevo a la mafia del poder. Esa que se reflejaba en Héctor Yunes btw.

Por eso eventos como el de Poza Rica adquieren relevancia política. No porque definan elecciones ni a los aspirantes a la diputaciones locales ni federales en el 2027, sino porque muestran que el PRI todavía conserva capacidad de movilización, operación territorial y cuadros que siguen apostando por mantener vivo al partido.

En especial las mujeres.

Porque reconstruir un partido no se logra únicamente con discursos de unidad ni con nostalgia política. Se necesita credibilidad, nuevos perfiles y, sobre todo, demostrar que el PRI entendió las razones por las que perdió la confianza ciudadana.

Adolfo Ramírez Arana parece haber entendido al menos una parte de esa lección: un partido alejado de la gente está condenado a desaparecer.

Por eso hoy apuesta por volver al territorio, reorganizar estructuras y reconstruir ánimo interno.

No es todavía el regreso del viejo PRI poderoso. Pero sí el intento más visible, en mucho tiempo, de devolverle vida política al priismo veracruzano.

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