Pepena de análisis

 

Por José García Sánchez

La tecnología no alcanza para justificar aseveraciones de algunos vocingleros conservadores que consideran que es suficiente tener imágenes en el celular de los lugares de los que habla para convertirse en expertos de la política de esos lejanos sitios. Ahora hasta los medios exageran este tipo de información y rayan en el absurdo.

 

La tecnología tampoco otorga inteligencia artificial ni conocimientos instantáneos y efímeros, menos aún vocación periodística. Menos aún inyecta capacidad de análisis o certeza en la interpretación de la realidad.

 

Hay medios mexicanos que dan cifras exactas sobre lo que sucede en Ucrania, detalles que se observan ni siquiera estando en ese lugar, haciendo evidente su consigna en lugar de realidad.

En la política nacional el ridículo se muestra todos los días, porque personas que han ido a la Ciudad de México sólo algunas veces se convierten en expertos para cuestionar la política de la capital del país desde el interior de la república sólo para desacreditar a la jefa de gobierno.

Lo mismo sucede con algunos fanáticos del protagonismo hablando sobre supuestos daños en el Tramo 5 del Tren Maya, cuando la mayoría de ellos nunca ha visitado ni siquiera el estado de Quintana Roo. Desde el inicio del actual sexenio existe una serie de comentaristas que sin conocer siquiera un libro de teoría política repiten noticias falsas o emulan supuestos periodistas. Porque aun periodista no es aquel que tiene frente a sí un micrófono o una computadora y tiene la oportunidad, inexplicable por cierto, de publicar.

 

Durante la pandemia eran epidemiólogos, después fueron economistas, después medidores intuitivos de la inflación, ecologistas, licenciados en aeronáutica, etc. Si esos temas fueran idiomas tendríamos todo un ejército de políglotas que en realidad, son un grupo de improvisados que distinguen entre notas reales y fake news.

 

Muchos de esos periodistas hablan sin conocer pero publicar imitando. Les basta una consigna, son una especie de pepenadores de noticias falsas para basarse en ellas para emitir una opinión en la que ya no cree la población. Se notan las manipulaciones, se muestran las tendencias partidistas.

 

Cuando se colocan los lentes de la consigna ante la interpretación de la realidad se borra la verdad y desaparece la certeza, porque al mentir se tergiversa su trabajo. No se tergiversa la realidad, mentir en los medios con o sin causa, es como escupir para arriba. Lo peor de todo es que quienes realizan esa práctica no se dan cuenta que se les descubre en cada línea, en cada concepto, en cada cuestionamiento.

 

Los medios han encontrado una trinchera nueva desde la aparición de la pandemia para cuestionar todo lo que hace el gobierno federal en éste y otros problemas, ese dique de contención es lo que llaman especialistas, expertos, estudiosos del tema, peritos, que nada saben del tema, pero los sacan de alguna universidad poco conocida para dar puntos de vista que intentan desvirtuar la realidad del país.

Mo hay inocencia en esa gente ni en los improvisados comentaristas políticos ni en los medios que buscan debajo de las piedras a sus entrevistados que no logran engañar a nadie. Y sólo quedan en ridículo, pero creen que con ello contribuyen a descarrilar al gobierno federal en general y al presidente de la República en particular. Porque esa tinta de los improvisados que corre contra la popularidad se revierte y muestra que nunca en la historia de México al cuarto año de gobierno la popularidad del Presidente supere los 71 puntos porcentuales.

 

Opinar a larga distancia de lo que se habla puede ser justificado cuando lo respalda un conocimiento teórico y práctico del tema. No es necesario viajar en el tiempo para conocer la vida de Hernán Cortés, tampoco podemos negar su existencia ante las evidencias de su paso por la historia, pero sí es necesario conocer el tema del que se habla antes de tratar de acortar distancias y resumir realidades que no pueden sintetizarse en un análisis carente de conocimiento e inteligencia.