COLUMNISTAS

La definición de la Cuarta Transformación

 

Por Laura Cevallos 

Si pudiéramos imaginar que vemos la historia moderna de México en una especie de línea del tiempo, y poder comparar lo que era y lo que es, además de ver quiénes éramos y quienes somos, entenderíamos que hemos dado pasos de gigante entratándose de progreso.

México, desde su independencia, ha tenido grandes momentos de gloria y próceres que los han hecho posibles, pero también, largos periodos de oscuridad e ineptitud de sus gobernantes y miedo en los ciudadanos. Y de verdad, que podemos estar tranquilos en el balance de la historia porque sin la lucha de hombres y mujeres que se han empeñado en la libertad, la honestidad, el patriotismo o la congruencia, hoy seguramente estaríamos contando otro relato.

A México le han crecido héroes en momentos de adversidad; se han acuñado cambios que duran años en su concreción, pero que son perdurables.

Hoy, nuestra Madre Patria está pariendo una generación de buenos mexicanos que estamos comprometidos con un cambio verdadero. Nos llamamos la Cuarta Transformación y sabemos que nos anteceden tres poderosas revoluciones y que ésta es aun más impetuosa porque no nace de una guerra armada, sino de una evolución de conciencias. El domingo, cuatro estados se añadieron a los 18 estados que decidieron echar de los palacios de gobierno a impostores de la democracia, que ondeando banderas de triunfo han vendido el futuro de los ciudadanos, endeudándolos o chatarrizando los servicios que corresponden, precisamente, a la administración pública; que han comprometido la seguridad por permitir la instauración del crimen organizado en las decisiones del gobierno. Ya no queremos eso. Queremos que nuestra dignidad sea respetada y que la redacción del artículo 39 constitucional sea una realidad: 

 

TITULO SEGUNDO

CAPITULO I. DE LA SOBERANIA NACIONAL Y DE LA FORMA DE GOBIERNO

Artículo 39.-  La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno.

Hoy, es el pueblo el que le dicta a los gobernantes sus designios. Refrendamos a nuestro Presidente en su mandato porque creemos que está representando digna y respetuosamente el cargo, así como manifestamos nuestro apoyo o descontento a los legisladores cuando hacen bien su trabajo o se configuran en una partida de traidores a la patria.

Al pueblo ya no le da la gana esperar la buena voluntad de quienes se creían los iluminados y tampoco nos apantallamos con descalificaciones del exterior.

Habrían de pasar casi cien años para que la Doctrina Estrada se aplicara con la mayor dignidad que enuncia y para poner un límite a la constante transgresión de límites legales y territoriales del incómodo vecino del norte y a quien, inexplicablemente se le permitían todas las injerencias y abusos que quisieran porque se temía que pudiera romperse la relación de imperialista-tapete que se tenía. Hoy, el trato es entre iguales, entre dos naciones soberanas con leyes y tratados internacionales enfocados en el respeto a la soberanía y los derechos humanos, la libre determinación de las políticas interiores y el respeto a la forma en que se resuelven los conflictos en cada nación soberana.

 

 

México tiene un presidente para presumirlo.

No solo por el altísimo nivel de aprobación continuada que, mes tras mes, refleja un porcentaje de entre 65 y 70 de apoyo al interior del país, pero que también se ha colocado como el líder natural entre las naciones de la Patria Grande, por quien se ha recobrado una nueva conciencia de respetabilidad, humanismo y soberanía que, sin duda, es el piso desde el que se planteará una nueva concepción de bloque continental que podrá competir con fuerza de cara a un futuro que está por alcanzarnos y para el que debemos estar solidariamente unidos.

 

 

Twitter: @cevalloslaura

 

 

 

 

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