COLUMNISTAS

Un palero en campaña

Por Moisés Sánchez Limón

Ensenada viernes 11 de noviembre de 2023. Tempranero, el licenciado presidente ha perdido el rubor, le importan un pito las formas, ofende al sentido común y desprecia a las leyes.

Anda en campaña por la reelección.

Transita en esa vereda que llama vedada porque, émulo bastardo de la historia patria, aspira a ser elevado el rango de mártir de la democracia y se identifica con Francisco I Madero y con Benito Juárez García, nacidos en cuna de distinto ropaje. Pero…

¡Bah!

No es nuevo. Es el desprecio que huele al cobro de facturas y, desde lo más profundo de su pecho que alberga miles de rencores, con esa largueza libertina que le da ser dueño sexenal del poder omnímodo declara lo que le viene en gana e insulta y desprecia supinamente a quienes no comulgan con él.

Es tiempo de definiciones y Su Alteza Serenísima lo subrayó en su momento, el sábado 6 de junio de 2020 como sentencia hacia los siervos:

“Se está por la transformación o se está en contra de la transformación del país (…) Es tiempo de definiciones No es tiempo de simulaciones, o somos conservadores o somos liberales, no hay medias tintas”. Y se leyó la advertencia sin recovecos:

Están conmigo o contra mí. Pero…

Temeroso de perder el poder en las urnas el domingo 2 de junio de 2024, anda en campaña por todo el país.

Oligarca investido presidente, amenaza, insulta, dispone porque lo dijo cuando perdió la batalla, en las urnas el domingo 2 de julio de 2006, frente a Felipe Calderón; aunque Horacio Duarte hizo malabares y blofeo con miles de demandas ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, los magistrados declararon presidente electo al michoacano el 7 de septiembre de ese año.

Lo dijo el viernes 1 de septiembre de 2006 en el Zócalo:

“¡Al diablo con sus instituciones!”

Ese día, el perredismo en la Cámara de Diputados atendió su instrucción y evitó que Vicente Fox Quesada ingresara al Salón de Plenos para entregar su último informe como Presidente de la República.

¡Recáspita Kalimán!

Sí. Al diablo con las instituciones repetiría en ese papel de rebelde con causa y más cuando la entonces denominada Convención Nacional Democrática, el 16 de septiembre de ese año, 2006, lo nombró “Presidente legítimo de México”.

Al día siguiente, el domingo 17 de septiembre, según él y la patriota pléyade que le siguió el juego, México tendría dos presidentes: él, “legítimo surgido del movimiento popular y ciudadano”, y el de Calderón el presidente espurio, “el gobierno del hampa de la política, de los delincuentes de cuello blanco”.

Con ese papel, el licenciado Andrés Manuel López Obrador montó la opereta en el Zócalo y el lunes 20 de noviembre rindió protesta ante miles de sus seguidores. Ese día, con un remedo de banda presidencial cruzada al pecho, en el corolario de su discurso despreció:

“¡Que se vayan al diablo con sus instituciones!”

¿Y?

La historia es cabrona. ¿A poco no?

Porque, mire usted, este reciente viernes 11 de noviembre, en Ensenada, Baja California, asumió el papel que juega en esto de la sucesión adelantada.

“Les quiero también comentar que —bueno, ya lo saben, ya parezco palero, pero lo hago con gusto— tienen muy buena gobernadora aquí. Les voy a decir que yo no conocía mucho a Marina del Pilar. La conocí porque en la lucha (…)”, confió el licenciado presidente.

Luego, en San Quintín pulsó la penetración de esos apoyos que acarrean votos. Junto con la gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila Olmeda, presumía los apoyos de su gobierno hacia este municipio.

Pero…

De pronto le gritaron:

–¡No ha llegado!

–¡No llega!

¿Llega o no llega?, preguntó el Duce.

¡No!, le gritaron en coro de reclamo los asistentes a ese acto en San Quintín.

Ya lo vemos a ver eso, lo vamos a revisar porque aquí tengo yo el informe (…), respondió con la oferta.

Y, en San Felipe, igual territorio bajacaliforniano, continuó el proselitismo bordado con letras de programas sociales. Y mintió.

“No hace falta aumentar impuestos, no hace falta que haya gasolinazos, no hace falta endeudar al país; el presupuesto rinde y alcanza para atender las necesidades del pueblo si se corta de tajo con la corrupción. Esa es la fórmula que se está aplicando”, dijo el licenciado Andrés Manuel I.

¿Al diablo con la deuda aprobada para 2024 por más de dos billones de pesos? Y a quién le interesa que sus compadres, cuates, hijos, hermanos, parientes hagan negocios millonarios al amparo de la impunidad.

¿O no, Nacho Ovalle?

“Y –Andrés Manuel ofrece y ofrece—por eso venimos a decirles que vamos a continuar apoyando en San Felipe. Todos los programas de Bienestar van a continuar (…)”.

¡Recontra, Solín!

Paternal, el oligarca López Obrador aplica el premio:

“Y como ustedes se portan muy bien, en particular los pescadores, todos, todas, pero yo quiero aquí dar una instrucción para que, a partir de este año, antes de que termine el año, se aumente el apoyo a los más de 500 pescadores que reciben una ayuda.

“Aquí está Octavio Almada, que va a venir antes de que termine el año para que los 500 que reciben apoyo, pescadores, se les dé otro tanto, ese es el compromiso”.

Así, el viernes 10 de noviembre en Tecate presume la razón por la que centralizó la entrega de apoyos, eso que se conoce como asistencialismo electoral pero que él niega.

Y declara:

–No es de que ‘dame a mí el dinero porque yo soy de la organización Emiliano Zapata’ o ‘soy de la organización Francisco I. Madero’; no, primo-hermano, ya eso se acabó, porque así no llega o llega con moche, con piquete de ojo. Queremos que llegue directo al beneficiario. Ya van a entregarse 25 millones de tarjetas para 25 millones de beneficiarios y vamos a continuar apoyando.

Sí, Andrés Manuel no gobierna, anda en campaña. ¡Cómo cree usted que se arriesgue a perder el poder en 2024!

No cita a la doctora Claudia Sheinbaum por su nombre, pero dueño del mando porque a la ex jefa de gobierno sólo le entregó el bastón, garantiza:

–Ya cumplimos, ya se cierra nuestro ciclo y afortunadamente es bueno lo que viene, hay un buen relevo. No se preocupen, o sea, yo estoy contento porque no van a haber retrocesos; es decir, para atrás, ni siquiera para tomar impulso. Nada.

Y enfatiza frente a estos bajacalifornianos en ese sueño del paraíso terrenal.

–Van a ver –les puntualiza–, va a ser mejor, quien va a ganar incluso va a tener más votos que los que yo obtuve. Yo obtuve el apoyo de 31 millones de ciudadanos; en la próxima elección, se los aseguro, hacemos una apuesta de que va a ganar la que me va a relevar, va a ganar con más de 31 millones de votos.

Porfis, no se ría.

Lo dijo el licenciado presidente y usted sabe que no miente, en serio. Y menos ahora que la doctora nomás no prende pese a que se hace todo para descalificar a Xóchitl Gálvez.

¡Canija Xóchitl!, le recomendaron cambiar su léxico y ya ve usted lo que le pasó el domingo en su informe en el Monumento a la Revolución.

¡Déjenla que sea como es! Si se pinta las uñas de rosa mexicano, pos allá ella. Y no le vayan a recomendar que se vista como la doctora porque entonces, entonces…

Bueno, Su Alteza Serenísima en campaña y niega ser dueño del dedo divino, pero Marcelo, Omar García Harfuch, Toño Pérez, Nacho Mier, Alejandro Armenta, Carlos Lomelí Bolaños, Clara Brugada, Óscar Eduardo y et al saben de esa virtud de no contravenir al Duce.

¿Operación cicatriz? ¡Nel! ¡Recórcholis, Drakko! Digo.

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