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Taxco y la ley del talión

Por Alberto Woolrich Ortíz

Hay ocasiones en que jueces, magistrados y litigantes manejamos el latín. La cultura jurídica en general es, grosso modo, la sustentación, ampliación y perfeccionamiento del conocimiento en los diversos y variados sectores del saber humano y proyectada al ámbito jurídico político de ésta Cuarta Transformación de la Nación, se manifiesta en los resultados objetivos de ese conocimiento. A la abogacía independiente de la República se le permite decir en razón al momento electoral en el que vivimos que: Nisi vindices delicta, improbilitatem audiuves, es decir que si no se castigan los delitos se fomenta la maldad. Y, ello es verdad.

Andrés Manuel López Obrador con su infecta política de “abrazos y besos a la delincuencia”; sólo ha conseguido un incontenible desenvolvimiento de la inseguridad, arbitrariedad, injusticia y falta de probidad en su gobernanza. Ha logrado prender tan hondamente en las conciencias de los mexicanos que esa exasperación de brindar impunidad a la delincuencia ha detenido la sed de justica del pueblo. Tan es así que ahora su pueblo está tomando justicia en mano propia. Ello se debe a esa pasión en que se provea justicia. Suprema justicia, suprema injusticia. Ello lo dijo Cicerón así: “Summun ius, summa injuria”.

No se puede ni se debe obviar una realidad, por aterradora que sea: Si en Taxco el pueblo decidió actuar, fue por la demora de justicia. Así de simple. Así de sencillo. La convivencia de lo inmoral con la política de “abrazos y besos a la delincuencia”, no funciona. Desde que el Poder Ejecutivo Federal inició su desagradable política, comenzó una larga sucesión de conductas delictivas e impunidades. Andrés Manuel López Obrador con sus piezas argumentales de diferenciación entre la ley y su pensar, dio origen a mayor delincuencia y a mayores víctimas con hambre y sed de justicia.

Antiguamente y al caso de Taxco son aplicables las palabras contenidas en el proverbio que surgió para contrarrestar los casos en que la justicia se encontraba sin el amparo de la ley: “ojo por ojo y diente por diente”.  Auditis quia dictum est: oculum pro oculo, et dentem pro dente.

Cuando las instituciones de procuración e impartición de justicia, con el Primer Magistrado de la Nación a la cabeza, se interponen, corrompen o dilatan las denuncias, calificándolas de intrascendentes por defender pública y políticamente la posición de “abrazos y besos”, se enarbola una triste bandera de rusticidad, de libertinaje. Todo delito impune genera una caterva de delincuentes. Oculum pro oculo, denten pro denten, manun pro manu, pedem pro pende.

Lo acontecido en Taxco, hace reflexionar a la Academia de Derecho Penal del Colegio Nacional de Abogados Foro de México, en el sentido de que nuestra Patria no puede resignarse a una justicia que sea otra cosa. Nuestra Nación e instituciones no deben de olvidar que, en todo caso, un final con pavor y atrocidad es preferible a una angustia sin justicia. El Poder Ejecutivo Federal debe evitar seguir representando al poder criminal que ha obtenido tanta impunidad; ese nefasto poder por desgracia empieza a triunfar sobre la justicia y sobre México, esa majestad que ha obtenido la delincuencia se encuentra manchando con estiércol a nuestra Ley Suprema, ello se debe primordialmente a la continuidad de la filosofía de “abrazos y besos” a la delincuencia, la cual se hace extensiva a la narco-política.

Es cuánto.

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