El deterioro de las relaciones entre Canadá y Estados Unidos está acelerando una transformación en la política exterior canadiense. Ante las tensiones comerciales con el gobierno de Donald Trump, Ottawa busca fortalecer su relación con la Unión Europea y reducir la dependencia económica de su vecino del sur.
El primer ministro canadiense, Mark Carney, planteó construir una alianza económica, política y de seguridad con Europa que permita a Canadá diversificar sus mercados. Actualmente, alrededor del 70% de las exportaciones canadienses se dirige hacia Estados Unidos, una concentración que comenzó a ser vista como un factor de vulnerabilidad.
El acercamiento dio un paso relevante cuando la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, propuso convertir a Canadá en el primer “miembro asociado” de la Unión Europea. Esta categoría todavía no existe en los tratados comunitarios, por lo que tendría que definirse jurídicamente y recibir el respaldo de los países integrantes del bloque.
Durante su intervención ante el Parlamento Europeo, Carney respaldó la iniciativa, aunque aclaró que lo fundamental será el contenido de la futura asociación. El eventual acuerdo también deberá ser debatido y sometido a votación en el Parlamento canadiense.
Entre las posibilidades analizadas se encuentra facilitar la movilidad para que ciudadanos canadienses puedan vivir, estudiar y trabajar en territorio europeo. Las negociaciones también buscarían ampliar las inversiones y la cooperación en comercio, defensa, energía, tecnología y minerales críticos.
Carney sostuvo que Canadá y Europa necesitan coordinarse para proteger sus mercados, sus instituciones democráticas y el Estado de derecho en un escenario internacional marcado por la competencia entre Estados Unidos y China. El mandatario canadiense ha advertido que la integración económica, anteriormente considerada una ventaja, también puede convertirse en una herramienta de presión política.
Europa, por su parte, pretende fortalecer sus relaciones con países que compartan sus principios democráticos y le permitan diversificar sus alianzas. Como parte de este acercamiento, el Parlamento Europeo anunció la apertura de una oficina en Ottawa, mientras Canadá se convirtió en el primer país no europeo integrado al programa comunitario de defensa SAFE.
La relación bilateral ya cuenta con una base económica considerable. Durante 2025, el intercambio comercial entre Canadá y la Unión Europea alcanzó aproximadamente 147 mil millones de dólares, con lo que el bloque se consolidó como el segundo socio comercial más importante del país norteamericano.
La iniciativa provocó una inmediata reacción de Donald Trump. El presidente estadounidense calificó la propuesta de “ridícula” y amenazó con imponer fuertes aranceles a Europa si considera que la nueva asociación tiene intenciones contrarias a los intereses de Washington. Incluso advirtió sobre posibles restricciones al comercio con el bloque europeo.
Pese a las advertencias, Canadá continuó ampliando sus vínculos europeos. El 20 de septiembre, Carney y el presidente francés, Emmanuel Macron, anunciaron una mayor cooperación entre sus respectivas agencias espaciales y ministerios de Defensa, incluido el desarrollo conjunto de sistemas de lanzamiento y centros terrestres.
Las autoridades canadienses aseguran que este proceso no implica una ruptura definitiva con Estados Unidos. Ottawa pretende mantener la cooperación con Washington, pero desde una posición menos dependiente y con mayores alternativas económicas y estratégicas.
Por ahora, la categoría de “miembro asociado” continúa siendo una propuesta y no un acuerdo formal. Sin embargo, el respaldo político mostrado por Canadá y la Unión Europea confirma que ambas partes buscan construir una relación más profunda frente a la incertidumbre proveniente de Washington y al cambio en el equilibrio internacional.

