Por Lic. Alberto Woolrich Ortiz
Leonardo Sciascia, a quien todos reconocemos y estimamos hasta el punto de resaltar su pensamiento y obra por haberse convertido en la conciencia crítica internacional, por su implacable denuncia de la corrupción política y jurídica, aseguraba que: “vivimos rodeados de porquería y no se ve salida alguna al pesimismo”. El gran denostador de la corrupción, de la razón de Estado y de la violencia (todos somos culpables de lo mismo, pero siempre el poder es el más culpable), conservaba, pese a todo, alguna esperanza en la escasa posibilidad que aún queda en la justicia.
México a través de décadas ha vivido muchos episodios de inequidad, de corrupción, de narcopolítica, de arreglos en lo “oscurito”, de incorrecta interpretación de la ley y no han existido tamaños de varón en el Poder Ejecutivo para finiquitar ese añejo problema.
En concepto de letrados independientes, esa continuidad y agobio que padece nuestro México se debe a conductas reprobables del propio Estado y sus instituciones de procuración e impartición de justicia, quienes perdieron valores éticos, jurídicos, políticos y morales. Aquí y ahora cabe agregar que el fenómeno de la narcopolítica, nacido en el neoliberalismo, dio origen a toda esa “porquería” de la que habló Leonardo Sciascia.
A la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo, en su carácter de Primera Magistrada de la República, le queda muy corto tiempo para resolver y limpiar esa pestilente cloaca en la que actualmente se encuentran muchas instituciones del Estado.
Mientras su Fiscalía General de la República no indague, acuse, procese y obtenga sanción para aquél que dio inicio a la narcopolítica, y se siga solapando a corruptos, México no recuperará la confianza ni credibilidad en su presidenta Constitucional, quien es la única que políticamente debe ordenar una limpia a fondo y en serio en contra de tanta “porquería”.
Es cuánto.
Lic. Alberto Woolrich Ortíz
Presidente de la Academia de Derecho Penal
del Colegio Nacional de Abogados Foro de México, A. C.

