Las nuevas formas de represión

 

Por Ricardo Homs

La bancada de Morena en la Cámara de Diputados dio a conocer que demandó penalmente por difamación al grupo de actores e influencers que realizaron el video que solicita más estudios sobre el impacto ambiental de la construcción del tramo 5 del Tren Maya, centrando la atención en la mención de Eugenio Derbez.

Eso significa la represión de un derecho ciudadano fundamental que nos garantiza la Constitución, denominado libertad de expresión.  Darle el enfoque penal, -que no procede jurídicamente pues esto es del ámbito civil-, sólo muestra no sólo la intolerancia e incapacidad de la bancada morenista para debatir con razonamientos, sino también el temor que les despierta la independencia de criterio que tiene el sector de población que está informada y puede evaluar con su propio punto de vista los mensajes que recibe.

La intolerancia es parte de los regímenes totalitarios y dictatoriales y la bancada de MORENA en la Cámara de Diputados muestra esta incapacidad de debatir democráticamente, aprovechando la fortaleza numérica que tiene. Además, muestra su servilismo hacia los mínimos deseos del presidente de la república.

Es cierto que la represión ejercida sobre quienes se manifiestan como disidencia de opinión hoy no reciben presiones violentas como sucede en regímenes como Nicaragua, -donde hoy hay represión violenta-, percibimos actualmente nuevas formas de reprimir, que inician con el intento de destrucción de la reputación personal y de la credibilidad. Sin embargo, ahora con esta demanda que anunció la bancada de Morena, -de tipo penal-, se consolida un modelo peligroso y retrógrada.

Es entendible y justificable que cualquier bancada legislativa, -en cualquier país del mundo-, sea aliada del presidente que proviene de su propio partido y comparta con él su visión y proyecto político a partir de la visión ideológica partidista. Sin embargo, el modo y las circunstancias como la bancada de Morena se comporta, tomando posturas viscerales -que son insostenibles jurídicamente-, como esta actitud represiva contra estos influencers, muestra su calidad moral.

¿Esa es la forma como estos legisladores de Morena enfrentan las críticas ciudadanas a las acciones de gobierno?

Cuando ellos eran oposición y no gobierno como lo son hoy, se autocalificaban como demócratas y exigían libertades. En contraste, hoy actúan como representantes de un estado represor, aprovechando su mayoría legislativa. 

¿Disentir de la visión presidencial respecto a los proyectos gubernamentales se convierte en un delito?

Esto es un asunto de gran importancia para garantizar las libertades consignadas en la Constitución.

 

LA RENTABILIDAD DE LA NARRATIVA PATRIOTERA

Según la información reciente dada a conocer por la agencia estatal de investigación de opinión pública rusa, -VTsIOM-, que consigna que el 81.6 % de los rusos confían en el presidente Vladimir Putin, en contraste con el 67.2% de antes de la invasión de Ucrania, -iniciada el 24 de febrero-, tiene un significado. 

Independientemente del importante sesgo que puede tener la cifra, que podría estar manipulada tratándose de una agencia local de un país donde hay un presidente autoritario como lo es Putin, -quien desde 2012 tiene el control absoluto de Rusia de modo oficial, aunque desde el 2008, ya era quizá el hombre fuerte-, muestra una tendencia.

Estas cifras parecen coincidir con las publicadas el 30 de marzo pasado por una agencia independiente de nombre Levada.

Las narrativas patrioteras presidenciales que se logran nulificando a la prensa libre y controlando a los medios masivos de comunicación, tienen un efecto emocional que se traduce en apoyo, al proyectarse la imagen de un héroe patrio enfrentando un problema provocado en el exterior, victimizando así a su país respecto a agresiones extranjeras, como en este caso puede ser interpretada la posición de la OTAN, con el apoyo directo de la Unión Europea y del enemigo tradicional que enfrentó la URSS desde el fin de la segunda guerra mundial, que es el rol que ha asumido Estados Unidos.

Recordemos que el presidente Putin públicamente ha negado las masacres realizadas por el ejército ruso en Ucrania y si lo hace de cara al exterior, con toda seguridad es el discurso oficial dentro de Rusia. Por tanto, la victimización es el recurso.

La información publicada ahora, -respecto a esta cifra obtenida en el contexto de la invasión a Ucrania-, coincide con las cifras de aprobación obtenidas durante la anexión de la península de Crimea en 2014 a partir de una invasión militar muy parecida a la actual, pero sin la repercusión global que ahora ha logrado Ucrania.

¿La narrativa patriotera funciona?

¿A usted qué le parece?