¿Algo nuevo o algo novedoso?

 

Por Laura Cevallos

Tal y como nos hemos ido enterando de esta tarea ciudadana, de la revocación del mandato, nos ha llegado la idea de que es la primera ocasión en que el Presidente “nos pregunta” o que se hace válido el conjunto de herramientas que el ciudadano tiene a su alcance, para contribuir a la construcción del país.

Y sí, pero no. Es decir, sí es la primera vez que un Presidente de México abre las puertas que mantenían al pueblo al margen de la vida política del país, haciéndonos partícipes de las opiniones más importantes, como decidir si se ha de cumplir el capricho de poner un aeropuerto en un lago, o si se construye en una zona sin problemas de firmeza y que, claro, no exige las cuotas de mantenimiento eterno y carísimo, que costaría en Texcoco. O si los pobladores del desierto del norte de México, desean que la poca agua de Mexicali sea drenada inconscientemente por una fábrica de cerveza, o le dicen al Presidente que deben respetarse los derechos humanos -y entre éstos, el derecho humano al agua y a un ambiente sano para vivir- por ser eminentemente más importantes, que los negocios y las ganancias de las empresas.

Estos ejercicios de la democracia participativa, propios de las naciones del primer mundo, no solo deben ser obligatorios en México, a partir de ahora, sino que deben hacerse más accesibles para que la mayor cantidad de ciudadanos participen. También han de ser frecuentes y sobre todos los temas que nos afecten o beneficien, porque, entre más se pregunta, menos peligro hay de tomar una decisión equivocada. Nadie duda que así se han logrado grandes evoluciones colectivas en países donde se deben tomar grandes decisiones, porque quien pregunta no se equivoca, o bueno, se equivoca menos.

La consulta, además fue un triunfo de la ciudadanía contra un Instituto Electoral que, lejos de ceñirse a las tareas encomendadas por mandato legal, se arrogó una serie de funciones que pertenecen solamente al Legislativo, y más aún, empezó a extender su “autoridad” sobre los tres poderes de la Unión, tal y como si el INE fuera en sí mismo un cuarto poder, con atribuciones metaconstitucionales, hizo cualquier cantidad de desfiguros y reinterpretaciones que ahora se suman a la creciente desconfianza que la ciudadanía tiene de este administrador de tareas que, curiosamente, no realiza de la forma más adecuada. Y, claro, también está opuesto por completo a las decisiones ciudadanas, pues ya nos dimos cuenta que la democracia no es un juguete en las manos de una cúpula voluntariosa, sino que es la obligación de una ciudadanía bien informada que hará sus tareas cada vez con más responsabilidad y cuidado.

Este ejercicio evidencia que, a pesar de que se ha dotado con ingentes sumas de dinero al mal llamado “árbitro electoral” para esta encomienda que no justifica esos grandes gastos para su operación, el dinero que se aplicó para cada tarea no está bien explicado: por un lado, los mexicanos que no podrán emitir su decisión en esta revocación por no haber sido debidamente informados sobre la extensión de la vigencia de la credencial para votar y la decisión de perder el derecho de iniciar el trámite de renovación, fue indebido e ilegal, porque no se efectuó la campaña de que por ley debe hacer el Instituto cada octubre previo a la celebración de procesos electorales (o de voluntad popular de cualquier tipo), ni tampoco se previno a los ciudadanos para que supieran a qué atenerse si decidían renovar su credencial para votar. 

Por otro lado, a los mexicanos en el exterior les ha hecho imposible, en una gran cantidad de casos, la obtención de la credencial para votar y, de los pocos privilegiados que la tienen, una minoría pudo realizar con éxito el proceso de solicitud de voto electrónico. Los números no se equivocan, ni se pueden contradecir: solo en Estados Unidos, donde está la mayor cantidad de mexicanos en el exterior, hubo diecisiete mil aplicaciones y el INE autorizó a diez mil ciudadanos a votar, pero Estados Unidos es hogar de más de 40 millones de mexicanos. Europa tiene porcentajes similares, y en los dos ejemplos, la cantidad de personas que no se han aburrido de querer participar en estos instrumentos ciudadanos, son impunemente bateados y no pueden hacer valer su voz.

Este domingo fue crucial para la vida política de nuestro México. No solo se pone a consideración de la ciudadanía el trabajo de un Presidente a la mitad de su mandato, sino también, el trabajo de una vida de enarbolar ideales de justicia social y libertades para todos; se va a preguntar si seguimos firmes en nuestra convicción de respaldar el Plan Nacional de Desarrollo a que se comprometió el 1 de diciembre de 2018, frente a millones de mexicanos que lo investimos por medio del bastón de mando concedido por los pueblos originarios.

Se nos preguntó si, hasta el momento, las acciones realizadas en favor de los más pobres, los olvidados de siempre, nos convencen para respaldarlo por lo que queda de su mandato constitucional y si estamos a gusto con las obras que están en fase de concluirse. Quieren saber si confiamos en el manejo que está haciendo de la riqueza del país y si creemos que hoy México está en buenas condiciones internacionales de defensa de la soberanía y la autodeterminación de las políticas internas. Necesitan comprobar que los más de treinta millones de personas que le dimos la confianza en 2000, 2006, 2012 y 2018, sigamos respaldando su compromiso y, sobre todo, que queramos aprehender estas tareas que corresponden al soberano, para realizarlas con la cabalidad y respeto debidos.

 

La democracia es tarea de los ciudadanos, no de los políticos.

 

 

Twitter: @cevalloslaura